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Vuelven los pistoleros a Los Altos de Chiapas

Chiapas concentra decenas de miles de tropas del ejército federal. Policías Preventivas, Federales, Estatales, Municipales… Nube de uniformes en todos los colores posibles. ¿Una gigantesca montaña de dinero incapaz de controlar a unos cientos de pistoleros? No, aquí se practica la “caza al indio manifiestamente rebelde y prescindible”

Cincuenta millones de pobres componen una reserva de caza inagotable.Enero 2018. Colonia “Río Jordán” de la localidad de “Los Chorros”. Altos de Chiapas.

 Sureste de México. Un indígena de nombre José Vázquez Entzin transporta por la terracería un cargamento de grava en una pick up comunitaria. 

Tiene días de llover en la montaña y los senderos se encuentran embarrados. Su camioneta se atasca y un grupo de hombres armados le salen al paso. Lo catean y lo reconocen al momento como uno de los líderes de la organización campesina “Las Abejas de Acetal”. Lo zarandean acusándolo de zapatista y lo secuestran con su vehículo.

A las pocas horas, 8 miembros de “abejas” se desplazan a Río Jordán para contactar con el campesino desaparecido. Allí son secuestrados a su vez. Los pistoleros son militantes del viejo partido único, el Revolucionario Institucional (PRI). Varios jóvenes son paramilitares recién reclutados. Otros son viejos conocidos de la “guardia blanca” Máscara Roja. Las cotidianas patrullas del ejército federal o de la Seguridad Pública se han esfumado del mapa. Los sicarios operan con absoluta libertad.
De regreso en carro hacia San Cristóbal de las Casas, antigua capital colonial de Chiapas, inspeccionamos las casas incendiadas por los paramilitares en Chalchihuitán. El conflicto agrario existente entre este municipio y Chenalhó (antiguo cuartel general de Máscara Roja) ha resucitado el viejo demonio paramilitar que sembró la región de cadáveres de campesinos zapatistas.
Tras 20 años de la masacre de Acteal vuelven a repetirse los asesinatos, secuestros, saqueos, incendios de casitas y lo que es más grave, miles de desplazados.
En mi retina permanece la imagen de las champas humeantes de Acteal y Chimix, en contraste con el frío de enero de 1998. Las fotos de decenas cadáveres de niñas indígenas alineados en las losas de la morgue de Tuxtla Gutierrez. Sus huipiles ensangrentados. 
El terror de las señoras y los chamacos que “ya no muy pueden dormir en la noche, rodeados de paramilitares”. Los sollozos callados de los indígenas supervivientes. Y el mismo fétido aroma de la impunidad que lo impregna todo.
Chiapas concentra decenas de miles de tropas del ejército federal. Policías Preventivas, Federales, Estatales, Municipales… Nube de uniformes en todos los colores posibles.
 ¿Una gigantesca montaña de dinero incapaz de controlar a unos cientos de pistoleros? No, aquí se practica la “caza al indio manifiestamente rebelde y prescindible”. Cincuenta millones de pobres componen una reserva de caza inagotable.
Jacinto Arias Cruz, otrora alcalde de Chenalhó con el priismo, fue inculpado y sentenciado como jefe, instigador y financiador de la paramilitar “Máscara Roja”. A él se atribuye la orden de atacar a los refugiados indefensos de Acteal en diciembre de 1997. Él fue el nexo con la Policía Estatal que dio respaldo a la operación paramilitar. 
Él era también contacto privilegiado con el alto mando del ejército federal acantonado en Rancho Nuevo. Jacinto Arias Cruz será excarcelado en el 2013 por defectos de forma en el proceso judicial. En 2014 el viejo priista ya no tarda en regresar a la política tras el triunfo electoral del priismo, maestro consumado en la compra de votos.
Jacinto Arias Cruz, rostro público de “Máscara Roja”, hoy se desempeña como “asesor de seguridad” de la alcaldesa de Chenalhó. Macabro chiste. De nuevo opera como recaudador encargado de pertrechar a sus antiguos camaradas escuadroneros. Se recluta gente joven, sin trabajo ni futuro, decidida a todo. Se desentierran viejos R-15, AK-47 y escuadras del 38.
Limpiar y engrasar de nuevo la máquina del terror y la muerte. Se compra munición y “cuerno de chivo” (AK-47) en el mercado negro. Poco más de 300 euros la unidad. Uniformes, parque, radiocomunicadores, etcétera. Una fortuna de origen desconocido. ¿A dónde jalan la lana…?, se pregunta retóricamente un poblador “curado de espanto” de violencias y corrupciones: “De los pinches presupuestos estatales que manejan esta bola cabrones”.
El Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de Las Casas” denuncia sin tregua los indicios inequívocos de una nueva masacre en marcha. Denuncia la absoluta falta de voluntad política gubernamental para desarmar a los paramilitares. Denuncia el cruel sentido del humor del jefe policial destacado por el gobierno para controlar el conflicto: El Comandante Selvas.
El susodicho afirma, sin complejos, que en Los Altos de Chiapas no hay “guardias blancas” (pistoleros del gobierno): “No, aquí en Chenalhó no hay grupos paramilitares, no. Pero mire usted ya les retiramos las armas a nuestros destacamentos policiales para evitar que haya enfrentamientos armados”.
Miles de desplazados y decenas de muertos por el frío, la desnutrición y la neumonía se andarán acordando del “pinche chistoso este”.

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